Por: Adriana Soler
Tallerista Prensa y Prensa Web – Proyecto C4


 

A veces, los recorridos largos que hacemos los talleristas nos sirven para ver tras la ventana, cuando se tiene esa rara fortuna de ir sentado o “ver” en Trasmilenio, a esa ciudad que cambia y a la vez une.

Chapinero y Tunjuelito están distantes, son localidades diferentes. Distintas y a la vez tan parecidas, cuando uno se encuentra con 20 chicos de dos colegios en un mismo espacio y momento.
El Col Simón Rodríguez (Chapinero) y el Venecia Nuevo Muzú (Tunjuelito) llegaron una mañana hasta Centro Ático. Los del Simón son de quinto grado: Sergio, Jorge, Julián, la profe Mildrei, por decir algunos, llegaron muy puntuales. Los del Venecia son de bachillerato: Nicolás, Esmeralda, David y la profe Ximena; ellos tardaron un poco más.
La dinámica del inicio del taller se hizo compleja. El saludo pareció una odisea, ni qué decir de hablar en grupo. Sin embargo, como todo lo que pasa en la ciudad, a veces, después de un rato, baja la tensión y las cosas empiezan a fluir. Romper el hielo y buscar que confluyan las personalidades, las historias, las tareas para un mismo propósito en ocasiones resulta ser el mejor reto que aparece ante nosotros, esos que ellos llaman “profes”.
Después de 4 horas de encuentro, el Simón y el Venecia habían logrado unir fuerzas para emprender el trabajo colaborativo. Se congregaron entonces los saberes de los grandes con la espontaneidad de los pequeños, los gustos por lo común, por los lenguajes visuales y sonoros , las letras, a ratos mal escritas, pero sobre todo, el espíritu real de nuestro proyecto: ” Compartir Juntos, Colaborar Juntos”. Las profes pusieron lo suyo, que eso no se desconozca. Bastó un café para calmar el frío y los nervios de sentirse expuestas a la mirada de otros; si bien vienen empoderadas por sus chicos, vienen también con muchas emociones encontradas: saber si el otro colegio es mejor, si has hecho más, si su comportamiento es sobresaliente y a ratos si ellas están listas para dar la talla aldedor del trabajo y la práctica de eso que llamamos “tecnología”.
Al final de la jornada, los chicos ya se habían enviado solicitudes de amistad de Facebook y no querían soltar los “juguetes” (cámaras), pero era hora de regresar. También, era hora de escuchar, si en verdad, eso que vemos a veces los talleristas tras la ventana, había logrado unirse y fundirse en ideas nuevas, o al menos reunir emociones para regresar a casa con la idea de que otros en una localidad, muy distante a la nuestra, están haciendo grandes esfuerzos por aprovechar y brindarles a los niños y niñas de Bogotá opciones, para que su paso por el colegio los prepare para la vida.
A veces, esos recorridos largos que hacemos los talleristas se validan cuando la respuesta, posterior a un taller, es la alegría de haber reconocido que tienen algo nuevo, un nuevo aliado en el camino, un amigo más en el Facebook, un ejemplo, un referente.
Esos de Chapinero difícilmente olvidarán a esos de Tunjuelito, porque más allá de 4 horas compartidas, han sumado esfuerzos para ¡Crear Juntos!

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